martes, enero 04, 2011

El regalo Prometido


-Yo no voy al centro de Lima en vísperas navideñas- esa es y ha sido mi ley en muchos años, prefería comprar los regalitos en establecimientos más cercanos y no importaba tener que pagar algo más.

Por esos días y debido a una saturación de labores en mi trabajo, no tuve tiempo de hacer compras anticipadamente, así que como muchos, deje ese tema para la última hora.

Días antes le pregunte a mi sobrino de 4 años, que era lo que deseaba por regalo en navidad, me respondió con convicción: -la espada de star wars.

Al averiguar el precio en los centros comerciales formales me di cuenta que ese regalo estaba fuera de mi presupuesto, pero igual quería darle esa alegría a mi sobrino y en parte, debo confesar, a mí también pues soy admirador de esta serie de películas.

Un amigo del trabajo me comento que en el centro de Lima, vendían la versión “pirata” a un costo bastante módico y con una calidad casi cercana al original, así que rompiendo la ley auto impuesta, me aventure a ir de compras al centro de Lima a previas horas de la noche buena.

El plan de compra consistía en levantarme temprano, ir a la galería a mas tardar 9 de la mañana, conseguir el juguete y salir como el halcón milenario cuando escapa a la explosión de la estrella de la muerte; sin embargo al día siguiente, debido a un sueño acumulado de varios desvelos laborando, me levante a mediodía.

Ya en el microbús camino al centro, pude notar el espíritu navideño por 2 razones:
Primero: me cobraron 50% más el pasaje. Segundo: El tráfico era tal en la avenida Abancay, que el chofer giro por unas calles contiguas para salir de ese atolladero.

El calor se conjugo cómplice de ese caos y pensé que una gran idea del marketing seria convertir al destartalado microbús, en un moderno sauna móvil, pues si alguien se proponía bajar de peso para estas fechas, el sauna móvil sin lugar a dudas, sería la solución ideal.

Cuando baje del microbús, una imagen de años atrás volvió a mi mente y fue que mientras caminaba por un parque pude observar un caramelo tirado en la vereda con muchas hormigas sobre este, formando una mancha oscura que se movía desordenadamente; pues bien, hoy me sentí como una de esas hormigas, parte de una gran mancha, caminando con un objetivo establecido.

Al llegar a la entrada de la galería, y al ver a todos esos seres humanos apretujándose, chocándose y contorsionándose entre sí, un pensamiento egoísta recorrió mi mente -Mejor me regreso, le compro a mi sobrino un carrito en el mercadillo del barrio y me evito este calvario-. Sin embargo pudo más mi convicción de tío y me lance sobre esa piscina humana.

Recorrí los cuatro pisos de esa galería y cuando logre llegar al último empecé a creer que todo mi esfuerzo había sido vano, pues el juguete al parecer, se había agotado; pregunte al encargado de un stand si sabía dónde podía conseguir la famosa espada Jedi, a lo cual me respondió: -tal vez puede que la encuentre en el sótano - y es que al llegar a la galería opte por subir, pero no atine a bajar a ese bendito sótano, así que descendí, todo lo que me costó subir.

Al llegar al sótano pude percibir un calor extremo, respire aire que ya había sido respirado antes por alguien o varios más, me apretuje entre la gente e imagine que tal vez estaba en medio de un mal sueño, y de pronto al final de un largo pasillo, logre divisar en un stand el regalo prometido “la espada laser”.

Lo compre sin dudar, no solicite rebaja, y ya una vez que la espada de plástico estuvo en mis manos, cumplí mi promesa de salir raudo como si el lugar fuera a explotar.

Horas después lo envolví en papel de regalo, con ilusión de ver a mi sobrino abrir su obsequio; y cuando dió la medianoche, luego de los saludos familiares respectivos, así sucedió; fue una gran alegría para él, así que compre 3 pilas para que encendiera y jugamos un rato a ser caballeros Jedis con la espada iluminada y vibrante.

Al día siguiente mi sobrino fue de visita a casa de sus primos, y por supuesto llevo su espada laser consigo; ya de regreso en la noche, vi el mango de la espada dañado sujetado por una cinta esparadrapo negra para que no se dispersen las piezas, el botón de encendido hundido y parte del plástico rajado.

No sé si podrá repararse y algún día el sable laser vuelva a iluminar; pero sin lugar a dudas reafirmo mi frase inicial -yo no voy al centro de Lima en vísperas navideñas-.