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sábado, febrero 19, 2011

mi vecino es un espectro


Vivo en un edificio en un primer piso.

Sufro insomnio a menudo, desde casi siempre en realidad, y acostarme a las tres, cuatro o cinco de la madrugada es para mí algo natural.

En el segundo piso, "Dpto. B", no vivía nadie ya que el dueño se había mudado muchos años atrás; sin embargo todas las noches muy de madrugada, mientras aprovechaba en leer algún libro, podía escuchar el sonido de canicas rodando sobre el piso, era cotidiano, casi toda la noche las canicas rodaban y también otras veces, se escuchaba un sonido similar a cuando alguien patea un balde con furia; tal vez podría ser mi imaginación, pero vecinos de otros pisos también comentaban oír exactamente los mismos ruidos.

Tiempo después el departamento fue alquilado a unas muchachas que venían de la selva.

Una vez al regresar a casa, me las cruce en el pasadizo y escuche que una de ellas le comentaba a la otra “algo pasa acá, clarito vi que la silla se movió sola".

Las muchachas estuvieron viviendo un par de meses, luego se marcharon.

Los ruidos cesaron un tiempo, y todo parecía estar en normalidad.

Posteriormente una noche, ya muy tarde mientras dormía, sentí nuevamente el sonido de las canicas, pero esta vez las podía escuchar cada vez más cerca, como si estas hubieran descendido a mi habitación, intente no hacer caso y me esforcé en dormir; esa noche recuerdo haber tenido un sueño muy extraño: _estaba en mi habitación, en mi cama durmiendo y al querer despertar no podía moverme, como si me hubiera dado una parálisis, las frazadas me cubrían hasta la cabeza y tuve la sensación de que un ser pequeño (algo así como un duende o un niño) subía sobre mí por encima de las sabanas y me observaba detenidamente_ luego de algún tiempo logré despertarme sobresaltado.

Tal vez haya sido sugestión, pero desde aquella vez, los sonidos cesaron.

Actualmente en el dpto. B, vive una familia;
Aún no he encontrado la oportunidad y confianza necesaria para preguntarles_ ¿por casualidad sus sillas se mueven solas?

martes, enero 04, 2011

El regalo Prometido


-Yo no voy al centro de Lima en vísperas navideñas- esa es y ha sido mi ley en muchos años, prefería comprar los regalitos en establecimientos más cercanos y no importaba tener que pagar algo más.

Por esos días y debido a una saturación de labores en mi trabajo, no tuve tiempo de hacer compras anticipadamente, así que como muchos, deje ese tema para la última hora.

Días antes le pregunte a mi sobrino de 4 años, que era lo que deseaba por regalo en navidad, me respondió con convicción: -la espada de star wars.

Al averiguar el precio en los centros comerciales formales me di cuenta que ese regalo estaba fuera de mi presupuesto, pero igual quería darle esa alegría a mi sobrino y en parte, debo confesar, a mí también pues soy admirador de esta serie de películas.

Un amigo del trabajo me comento que en el centro de Lima, vendían la versión “pirata” a un costo bastante módico y con una calidad casi cercana al original, así que rompiendo la ley auto impuesta, me aventure a ir de compras al centro de Lima a previas horas de la noche buena.

El plan de compra consistía en levantarme temprano, ir a la galería a mas tardar 9 de la mañana, conseguir el juguete y salir como el halcón milenario cuando escapa a la explosión de la estrella de la muerte; sin embargo al día siguiente, debido a un sueño acumulado de varios desvelos laborando, me levante a mediodía.

Ya en el microbús camino al centro, pude notar el espíritu navideño por 2 razones:
Primero: me cobraron 50% más el pasaje. Segundo: El tráfico era tal en la avenida Abancay, que el chofer giro por unas calles contiguas para salir de ese atolladero.

El calor se conjugo cómplice de ese caos y pensé que una gran idea del marketing seria convertir al destartalado microbús, en un moderno sauna móvil, pues si alguien se proponía bajar de peso para estas fechas, el sauna móvil sin lugar a dudas, sería la solución ideal.

Cuando baje del microbús, una imagen de años atrás volvió a mi mente y fue que mientras caminaba por un parque pude observar un caramelo tirado en la vereda con muchas hormigas sobre este, formando una mancha oscura que se movía desordenadamente; pues bien, hoy me sentí como una de esas hormigas, parte de una gran mancha, caminando con un objetivo establecido.

Al llegar a la entrada de la galería, y al ver a todos esos seres humanos apretujándose, chocándose y contorsionándose entre sí, un pensamiento egoísta recorrió mi mente -Mejor me regreso, le compro a mi sobrino un carrito en el mercadillo del barrio y me evito este calvario-. Sin embargo pudo más mi convicción de tío y me lance sobre esa piscina humana.

Recorrí los cuatro pisos de esa galería y cuando logre llegar al último empecé a creer que todo mi esfuerzo había sido vano, pues el juguete al parecer, se había agotado; pregunte al encargado de un stand si sabía dónde podía conseguir la famosa espada Jedi, a lo cual me respondió: -tal vez puede que la encuentre en el sótano - y es que al llegar a la galería opte por subir, pero no atine a bajar a ese bendito sótano, así que descendí, todo lo que me costó subir.

Al llegar al sótano pude percibir un calor extremo, respire aire que ya había sido respirado antes por alguien o varios más, me apretuje entre la gente e imagine que tal vez estaba en medio de un mal sueño, y de pronto al final de un largo pasillo, logre divisar en un stand el regalo prometido “la espada laser”.

Lo compre sin dudar, no solicite rebaja, y ya una vez que la espada de plástico estuvo en mis manos, cumplí mi promesa de salir raudo como si el lugar fuera a explotar.

Horas después lo envolví en papel de regalo, con ilusión de ver a mi sobrino abrir su obsequio; y cuando dió la medianoche, luego de los saludos familiares respectivos, así sucedió; fue una gran alegría para él, así que compre 3 pilas para que encendiera y jugamos un rato a ser caballeros Jedis con la espada iluminada y vibrante.

Al día siguiente mi sobrino fue de visita a casa de sus primos, y por supuesto llevo su espada laser consigo; ya de regreso en la noche, vi el mango de la espada dañado sujetado por una cinta esparadrapo negra para que no se dispersen las piezas, el botón de encendido hundido y parte del plástico rajado.

No sé si podrá repararse y algún día el sable laser vuelva a iluminar; pero sin lugar a dudas reafirmo mi frase inicial -yo no voy al centro de Lima en vísperas navideñas-.

sábado, junio 06, 2009

cronicas urbanas / "el gran golpe"

“La delincuencia en Lima crece” es una frase que oímos seguido, pero esta se vuelve concreta cuando somos victimas de algún asalto o robo...


a continuación contaré un episodio recientemente acontecido.

La otra noche mientras volvía a casa, caminaba relajado disfrutando la quietud y tranquilidad después de un agitado día; podía oír el eco de mis pasos y lo que más quería era llegar a casa a descansar.

Ya en la misma cuadra del edificio donde he vivido casi toda mi vida, pude observar a un grupo de chiquillos con aspecto desalineado que estaban caminando por la acera de enfrente en dirección contraria a la mía, no les hice caso pero estuve alerta, estaba a tan solo unos metros de llegar al edificio, así que debía acelerar ligeramente el paso pero sin demostrarles temor, lo cual considero es peor.

Cuando me di cuenta que me estaban siguiendo, estaba a tan solo unos pocos metros de abrir la puerta, pero lamentablemente me atajaron y empezamos a forcejear; trataron de quitarme mi maleta en la cual guardaba mi agenda, que no tiene ningún valor económico mas para mi por los datos contenidos, y porque tenia en ella algunas facturas por cobrar, que me hubieran generado la molestia de tener que hacer muchos trámites y la respectiva denuncia policial, así que era lo que mas debía proteger.

Hubo hostilidad verbal por ambos lados (es decir utilizamos cuanto insulto pudimos improvisar).

Siempre me pareció cobarde la desigualdad , eran 3 contra 1, y en la esquina habían 4 más que observaban la escena aguardando cualquier eventualidad para apoyar a sus secuaces.

Uno trato de estrangularme sin éxito, otro me quito mis anteojos y otro logro sacarme la billetera del bolsillo, hasta ese momento el robo fue empujones y forcejeos pero nadie se atrevía a dar el primer golpe; Si en ese momento me hubiese defendido y con algo de suerte lograba golpearlos para escapar, tenia la opción de correr y entrar a mi domicilio, pero eso podría ser un problema mayor, pues ellos al saber mi ubicación, podrían intentar cobrar revancha otro día, estaba nuevamente en desventaja, así que mantuve la calma y continuamos derramando lisura.

_Déjame los documentos, no seas mierda!_le dije al que me quito la billetera ,

Recogió los billetes que estaban dentro y la tiro.

Uno con voz idiota, insistía en querer quitarme el celular, que estaba en el bolsillo interno, de mi ahora “casaca favorita rota”, el otro compinche con los billetes en la mano, le dijo _vámonos, el celular ya no importa_.

Los billetes que estaban dentro de la billetera eran de 100 dólares…

Se que parece una historia triste pero en realidad, ese es el punto que me causo una enorme ALEGRIA. Algún tiempo atrás ví a mi padre con unos billetes de papel que eran “de la suerte” no tenían ningún valor legal pero eran bastante parecidos a los originales de 100 dólares (solo que estos decian "100 Characatos de Oro"); tuvo a bien obsequiarme algunos y "quien lo diría", aquélla noche calmaron temporalmente la ambición malsana de aquellos pelagatos, quienes se fueron contentos y dejaron de seguir rebuscando entre mis pertenencias.

En resumen: perdí mis gafas y ahora tendré que mandar cocer mi casaca rota. Sin embargo me queda la satisfacción de imaginar a los tipejos repartiéndose “el gran golpe” 100 characatos de oro listos para ser usados en algún inofensivo juego familiar de casino o monopolio, donde es seguro harán trampa por obtener tan preciado botín.